PABLO J. LOPEZ HERNANDEZ



Impenitente : Adjetivo. Que persevera en un hábito.
Ausente : Nombre común. Aplicado a personas o cosas. De lo que se ignora si vive todavía o donde está



"Un artista verdadero es alguien que está preocupado por muy pocas cosas."
Aldo Rossi


"No habrá otro edificio"
Louis Kahn


domingo, 5 de febrero de 2017

GIORGIO GRASSI O EL RIGOR DEL TIPO






Giorgio Grassi (Milan 1935) es un tipo duro. A pesar de su escuálida presencia física, sus fundamentos y sus teorías sobre la arquitectura no ceden ni un apice al capricho o a la anécdota. Cuando la Tendenza italiana surge en los años setenta, capitaneada por Aldo Rossi, Grassi representa el ala más pura y radical. Es un teórico consciente de que la única relación real con su trabajo es la de la participación y el estudio. 

En la Escuela de Arquitectura de Valencia, a finales de los setenta, Grassi era uno de nuestros campeones. Tal vez porque independientemente de su teoria, oscura y algunas veces impenetrable, la obra finalmente se plasmaba en esquemas muy sencillos y claros. Era, desde nuestra ignorancia, muy fácil de copiar.

¿Pero que es lo que Giorgio Grassi quiere transmitir?. En los años de estudiantes claramente lo ignorábamos porque la profundidad de sus textos nos sobrepasaban. Aun hoy en día dudo que muchos arquitectos iniciados la entiendan.


Grassi se basa en la historia y en el arquetipo de los usos en el sentido más amplio. Desde una profunda reflexión reduce la problemática proyectual a una variable : el tipo. El tipo como fundamento de todo su análisis. El tipo como solución y antivirus a dilaciones o incertidumbres. Apoyado firmemente en la tradición rural milanesa su conceptualismo va mas allá de tópicos. Su principal libro  "La Construcción Lógica de la Arquitectura"  nos retrotrae a los elementos universales que crean la ciudad : la calle, el patio, la plaza. A ello añádase una comprensión rigurosa de la historia y se empezara a vislumbrar cuales son sus tesis.
 

Como señala Agostino Renna "al igual que los propios libros que continuamos releyendo y en los que cada vez descubrimos un nuevo valor, así volvemos a unas pocas arquitecturas que refuerzan y sirven nuestro estar en el mundo. Los pocos, esenciales proyectos de Grassi están entre ellos y nos ayudan a superar el cansancio de las teorizaciones, que nada nos explican, para acercarnos a la autenticidad de la realidad."  

 Es verdad que las composiciones formales de Grassi son también de difícil digestión para algunos.  Su repetición de huecos en sus alzados, la rigidez de sus distribuciones y sus implantaciones en los entornos disuaden, a priori, de cualquier alabanza. Pero a mi me subyugan. Algo tienen de ancestral, de perenne, de atávico. Y sus secciones y perpectivas son atrayentes y enigmáticas. Su propuesta para la Unidad Residencial de Puorta Nova o en Chieti asi lo expresan.

Unidad residencial Puorta Nova.1972

Unidad residencial en Chieti.1972




En el proyecto de Restauración del Castillo de Abbiategraso (1970) tal vez uno de sus proyectos más emblematicos, Grassi intenta responder a la pregunta de "cual es la razón y el significado de un edificio civil, al tiempo de instaurar una relación con la arquitectura de la historia y, de modo más general, con el proceso de construcción de la ciudad en el tiempo".
En esta reconstrucción el "núcleo evocativo" que define el carácter principal de todo el proyecto, y  a partir del cual se diseñan las otras partes, es el gran patio porticado construido en piedra, con una precisa y declarada tipología que transciende a este y convierte al Castillo en rotula principal que articula toda la ciudad. Su aspecto más importante no consiste en la invención formal, sino en "evocar adecuación" a la arquitectura histórica.  

Restauración Castillo Abbiategrasso. 1970 




En la Residencia de Estudiantes de Chieti (1976), Grassi se plantea el problema de lo no construido y como afecta esto a la idea de ciudad. Dado lo insignificante del entorno el conjunto cerrado de la residencia se abre a una calle porticada propia.

 


Residencia de Estudiantes en Chieti. 1976



Residencia de Estudiantes en Chieti. 1976. Planta baja y maqueta

Esta calle-plaza tiene una definición precisa y también un punto de ambigüedad pues su prolongación natural es el  campo. Pero su génesis y su intención es de una calle urbana. El Movimiento Moderno tendió a destruir la calle como tipo arquitectónico definido atendiendo principalmente a aspectos funcionales y de uso en relación con las cuestiones del verde urbano. Esto ha provocado la disposición de volúmenes en el espacio disponible y polivalente y, en los ejemplos vulgarizados, la indeterminación de tantos barrios populares. A ello opone Grassi el tipo de calle porticada en toda su extensión. Y aunque el elemento funcional es indispensable, resulta secundario, mientras que la realidad de la calle consiste en que es un elemento de arquitectura de la ciudad. Su propio carácter de lugar público la convierte en arquitectura por excelencia.
Residencia de Estudiantes en Chieti. 1976. Calle porticada


En el concurso para el Palacio del Gobierno Regional de Triestre (1974) Grassi implanta como solución un simple cuerpo dando a la Vía Bocaccio con una serie de patios, abiertos al mar, y colocados en un basamento sobre la vía arbolada
Palacio Gobierno Regional. Triestre. 1974. Planta baja y alzado




Estos patios son totalmente accesibles y se situan sobre la cota de la calle a través de una vía peatonal longitudinal porticada que constituye también el acceso principal al conjunto del edificio. El tipo usado de "peine" es un esquema distributivo muy eficaz cuando, como es el caso, es posible separar las funciones. 



Pero más allá de la motivación funcional de este esquema, el edificio pretende poner en primer plano el papel que esta opción tipológica asume respecto de una serie de cuestiones formales (topógráficas, urbanísticas, etc.) que propone la ciudad con extrema precisión a la Arquitectura.
 

Palacio Gobierno Regional. Triestre. 1974. Perpectiva


En su propuesta para la Escuela Elemental de Bergoro (1977) el tipo es muy sencillo. Una edificación de dos bloques paralelos, que conforman una calle interior, como prolongación del eje de  recorrido peatonal dispuesto de norte a sur que une las dos cancelas que dan acceso al edificio por las dos calles existentes.








Escuela Elemental. Bergoro. 1977





Con todo Grassi es también un arquitecto polémico. Su intervención en la Restauración del Teatro Romano de Sagunto (Valencia), politizada en extremo, aun es tema de controversias y sentencias judiciales. Pero a Grassi esto no le importa. Sabe que las situaciones coyunturales del momento no empañan el profundo sentido del "restauro" que imprime en sus obras. Transportados a cuestiones legales, impregnadas de la mas infame incultura arquitectónica, sus detractores en esta obra sobrepasan los limites del catetismo en el sentido mas amplio.





Restauración Teatro Romano.Sagunto.Cávea.1986

Restauración Teatro Romano.Sagunto. Escenario 1986




Hoy es difícil seguir los planteamientos de Grassi. La Tendenza pasó sus momento de gloria y sus rescoldos son puras imitaciones. Pero Grassi persevera. En sus conferencias y escritos actuales mantiene sus posiciones de juventud.
 
Con todo, a sus ochenta y dos años, y con sorna milanesa, Grassi se encuentra, como el mismo dice, “ jubilado y  solo le interesa la pesca”.

Giorgio Grassi


 








 

 




 

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA PEQUEÑA JOYA DE BRAMANTE




En la Escuela de Arquitectura nos enseñaban que no había obra pequeña y que toda edificación, por mínima que fuera, tenía su corazoncito. Esta máxima también la contemplábamos en los grandes maestros y asi la admirábamos en la petit maison de fin de semana en el sur de Francia de Corbusier, en el teatrino flotante de Rossi, o en las viviendas mínimas de Dammerstok de Walter Gopius.

Petit maison nº 4. LeCorbusier. 1923.


El Teatrino del Mundo. Aldo Rossi.1979.


Vivienda minima en Dammerstok. Gropius. 1930.


 La cuestión era que no había que despreciar nada. Y así en nuestros modestos proyectos poníamos lo mejor de nosotros. Proyectábamos pequeños almacenes, pequeñas reformas de viviendas e incluso mínimos vallados con la misma ilusión que si del mismo Coliseo de Roma se tratara. También intentábamos cuidar los pequeños detalles. El pomo de la puerta, el encuentro de un escalón en una esquina, el despiece de un mortero monocapa. Esta ilusión por “las cosas pequeñas” calaba incluso un poco a la fuerza, pues en aquellos tiempos heroicos de juventud la magnitud de los encargos era mayoritariamente de esta índole. 

Pero lo importante era no perder el entusiasmo en estas modestas actuaciones. Como decía Kahn “no habrá otro edificio”, y con ello quería expresar que cuando se involucraba en cada obra lo hacía con toda la potencia de su alma, e independiente de su tamaño, como si fuera el ultimo de su vida.  Con el paso del tiempo a algunos se nos ha ido olvidando este principio y nuestra petulante vanidad nos hacía mirar de soslayo “esas pequeñas cosas”. La crisis y otras prosaicas circunstancias nos han puesto en su lugar y, afortunadamente, volver la mirada a los pequeños encargos que nunca debimos menospreciar.

Digo todo esto porque la lección de los grandes arquitectos sobre esta arquitectura de pequeña escala sigue por ello ahora más vigente. Y esto me lleva hace enlazar con una pequeña joya del Renacimiento, que a pesar de su reducido tamaño, marcó una impronta en su tiempo y aun hoy en dia representa el sumun de la elegancia en una edificación tan mínima. Me refiero al Templete de San Pedro en Montorio de Donato Bramante                                                                                                                                  
 Un ilustrado colega me dijo en cierta ocasión que tres habían sido los grandes maestros del Renacimiento : Brunelleschi, Bramante y Miguel Angel. Ya dedique una reseña sobre Brunelleschi en el artículo titulado Brunelleschi Expres. Ahora, con la excusa de esta pequeña arquitectura, lo hago con Bramante.

Donato Bramante (Fermignamo 1443-Roma 1514) tenía cincuenta y seis años cuando llego a Roma, en el año 1500, como refugiado desde Milan. Era ya una edad avanzada para nuevas aventuras pero el tiempo luego ha demostrado que es a partir de entonces cuando realiza sus grandes obras. Durante estos primeros momentos se dedica a levantar planos acotados de los edificios antiguos de Roma y de la Campania.  Estos dibujos suscitaron la atención del Cardenal de Napoles que le encargó el claustro de Santa Maria della Pace.

Santa Maria della Pace. Roma. Bramante. 1504.

 En este claustro Bramante plantea una división de dos pisos casi iguales, sustituyendo las arcadas, tradicionales hasta entonces, por una disposición un tanto compleja disponiendo una pilastra sobre cada pilastra del piso inferior, y una sección de muro tras ella. La pared es así discontinua, de modo que el centro de cada intercolumnio  puede quedar ocupado por una pequeña columna que soporta el entablamento y establece un contraste, por su forma cilíndrica y esbelta, con las macizas y rectilíneas formas de muros y pilastras. Era una solución totalmente nueva y de una gran sutilidad
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Esta actuación en Santa Maria della Pace hace que el Papa Julio II quede impresionado por su talento y se convierta a partir de entonces en su verdadero mecenas. Le encarga nada menos que prepare las trazas para lo que será la nueva Basílica de San Pedro. Al tiempo recibe el encargo, que los  Reyes Católicos sufragan,  de construir el templete de San Pedro en Montorio.

San Pedro en Montorio. Roma. Bramante. 1502.


San Pedro en Montorio. Planta.

 Este templete debía recordar el lugar en el que según la tradición fue martirizado San Pedro y fue terminado en 1502. Se erige un mausoleo sin cámara mortuoria, solo a modo de memoria, por lo que la planta central con su forma circular no es un capricho del arquitecto, sino que, dentro de la mejor tradición simbólica, Bramante quiso plasmar con ella la figura que transmite más fielmente la idea de eternidad. El templete se  corona con una cúpula que nos transporta desde el mundo terrenal al celeste. El arquitecto recupera asi las ideas neoplatónicas que en esta obra se nos ofrece como la plasmación plástica de las teorías de la escuela de Ficino, que concibe a Dios como la Mente Cósmica que adopta una forma esférica y que contiene todo el universo, desdoblándose en varias jerarquías: el Alma Cósmica (ánima mundana), la Región de la Naturaleza y el Reino de la Materia. El universo entero está vivificado por una influencia que emana de Dios, como una corriente ilimitada de energía sobrenatural que fluye de arriba abajo y que revierte de abajo arriba, formando, lo que llaman, un circuitus spiritualis.

San Pedro en Montorio. Seccion.