PABLO J. LOPEZ HERNANDEZ



Impenitente : Adjetivo. Que persevera en un hábito.
Ausente : Nombre común. Aplicado a personas o cosas. De lo que se ignora si vive todavía o donde está



"Un artista verdadero es alguien que está preocupado por muy pocas cosas."
Aldo Rossi


"No habrá otro edificio"
Louis Kahn


miércoles, 5 de abril de 2017

PORQUE LOS EDIFICIOS NO SE CAEN Y OTRAS BAGATELAS



El título de este artículo es engañoso. Cierto que existen edificios que durante su ejecución o a los pocos años se han derrumbado. Pero también podemos afirmar que el 99,99 %, se mantienen en pie. Un edificio puede albergar gran infinidad de patologías que se van produciendo en el transcurso de su vida : grietas, desconches, humedades, etc.; pero en la casi totalidad de los casos la obra, con un aire de altivez, no se doblega.

Un profesor de mi Escuela de Arquitectura nos decía que las obras no se caían porque no tenían vergüenza. Esta afirmación nos infundía un estado de optimismo irracional que mitigaba nuestros temores como calculistas de estructuras. Incluso se nos aseguraba que si en una estructura, de repente suprimiéramos un pilar, esta se mantendría en pie.  ¡ Ah que bella indolencia no inculcaba esta afirmación !. ¡ Qué maravilla era esa tendencia natural de redistribución de esfuerzos y acciones gravitatorias que surgían en la realidad constructiva sin nosotros pedirlo!. Al parecer, independientemente de nuestros errores o meteduras de pata, un ángel de la guardia nos socorrería en la mayoría de las ocasiones.

Supongo que a los que se les haya caído una obra estarán maldiciendo al mentado ángel. Porque este, la verdad, no existe. Afortunadamente hoy las estructuras se calculan con un grado de metodología y conocimientos altamente especializados. Incluso se idealizan modelos de ensayo estructural. El progreso ha sido muy significativo y se puede constatar que la seguridad está prácticamente asegurada. El coeficiente de mayoración de cargas de 1.6 y el de disminución de resistencia de los materiales, de 1.15 en acero a 1.5 en hormigón, son un salvavidas casi perfecto. Es como matar moscas a cañonazos.
 

Los métodos de cálculo también han evolucionado. Hasta la aparición de los programas de cálculo la cosa se hacía con cálculos manuales y según la experiencia y la tradición acumulada durante años. En la vigas, su canto (altura) se predimensionaba en 1/10 de la longitud. Es decir que una viga que tenía cinco metros de longitud debía tener 50 cm de altura. Así cualquiera.

 Los pilares, por supuesto se sobredimensionaban sin ningún escrúpulo.

 

Pero lo que si sufren los edificios son lesiones. Las humedades en cubiertas, (porque no se levanta la lámina impermeabilizante en su encuentro con antepechos, ¡aunque mil veces se diga en obra !) ; la inestabilidad de una fábrica de ladrillo por la falta del retacado con mortero de cemento de la última hilada de ladrillo visto en su encuentro con la cara inferior del forjado; desconches de mortero monocapa por no haberse dispuesto mallas de solidaridad en los puntos débiles, etc, etc. Decenas de pequeños detalles que necesita la obra, y que, por falta de la capacidad profesional de los oficios actuales, se han perdido. La labor del arquitecto se ha convertido, en los últimos tiempos, en la de un policía a la búsqueda de detalles mal ejecutados y de posibles lesiones futuras.





A mí, durante treinta años de profesión, me han ocurrido también circunstancias muy prosaicas. Desde clientes que me decía que los suelos en una terraza estaban inclinados (¡naturalmente por las pendientes necesarias para la evacuación de aguas !), hasta quien me dijo que en el hueco entre un panel de hormigón GRC en fachada y el forjado anidaban aves rapaces.. Naturalmente le remitimos, por si quería, a una asociación de protección ornitológica. En fin de todo un poco.




También existen muchas supersticiones en la ejecución de la estructura de los edificios. Viejos mitos que se transmiten entre los profesionales pero que carecen de sentido.

 Una superstición es la obligada medida de colocación de vigas de atado entre las zapatas centradas de una cimentación. Estas vigas se suponen que impiden que las zapatas tengan desplazamientos horizontales. Pero es un mito. No sirven para nada. El creer que una cimentación superficial de zapatas centradas va a tener movimientos horizontales es una superstición. Con todo, aplicadamente, las colocamos entre eje y eje de pilares, más una longitud suplementaria hasta la cara opuesta del pilar; pero su eficacia es más que dudosa. Es enterrar recursos económicos en hormigón y acero.



Otra superstición muy extendida se produce en la construcción de forjados. Con la moda actual de realizarlos planos (sin descuelgue de vigas ) resulta que el atraque de las viguetas a estas vigas se hace enrasadas al mismo nivel por su cara superior e inferior. Por supuesto que la viga, ahora plana, sufre la concentración de solicitaciones en una geometría que le es antinatural. Pero la superstición consiste en prolongar los nervios de la zapatilla de las viguetas semirresistentes hasta su inclusión en la viga. Este error se basa en suponer que los elementos de hormigón trabajan de una forma isostática, es decir como lo hacían las estructuras de madera, en que cada elemento se superponía a su inferior y el conjunto trabaja por transmisión de cargas verticales. Es decir en la secuencia pilar-viga-vigueta. Pero esto no es así en el hormigón. En este sistema las acciones y reacciones se distribuyen en forma hiperestática (mas incógnitas que soluciones en la matriz de cálculo) y se produce una nueva redistribución de esfuerzos que reorganiza el equilibrio estructural. El suponer que los nervios de una vigueta se apoyan en la viga y que es efectivo es una superstición y un error conceptual.




Otra cuestión también susceptible de equivocación son las juntas de dilatación en los muros de sótano. Uno está cansado de ver proyectos en los que se detalla concienzudamente la disposición de estas juntas. Pero ello es un tema falaz. En un sótano, con las condiciones medioambientales propias, es imposible que el muro, de gran rigidez, sufras expansiones longitudinales, y si lo son, estas son totalmente despreciables. Lo que realmente se deben ejecutar son juntas de trabajo, por la propia logística de su confección. ¡ La colocación de juntas de dilatación en los muros de sótanos son una superstición y un pequeño derroche económico!.




Aun a fuerza de repetir, esta es la misma situación de los pilares en diapasón, en una cimentación, por ser parte de una junta de dilatación del edificio, en la zapata de donde arrancan. ¿Debe llevarse esta junta a la misma zapata compartida. Claramente no. El hacerlo es una superstición que además empeora la solución estructural.

Como se entiende, todas estos conceptos, y muchísimos más, no los resuelve un programa de cálculo estructural de los usuales y existentes en el mercado. Debe ser la pericia y la experiencia del calculista quien resuelva estas situaciones.

Con todo hay situaciones inexplicables que nadie comprende cómo se han producido. Uno puede darle vueltas y más vueltas , realizar cálculos y más cálculos y no llegar a una conclusión lógica. Son los momentos de la duda y la desazón. Grietas estructurales, humedades extrañas, movimientos no esperados. Es imposible el razonar su porque. Todas las teorías y principios por los suelos. No hay fácil contestación.




Con todo afortunadamente las obras no se caen. Es cierto que no tienen vergüenza, pero cada uno, yo mismo,  en tiempos de tribulaciones o dudas razonables acudo al inexistente ángel de la guardia estructural.

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