APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE

APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE



IMPENITENTE : Adjetivo. Que persevera en un hábito.
AUSENTE : Nombre común. Aplicado a personas o cosas. De lo que se ignora si vive todavía o donde está



"Un artista verdadero es alguien que está preocupado por muy pocas cosas."
Aldo Rossi


"No habrá otro edificio"
Louis Kahn


“Nada es tan peligroso en la arquitectura como tratar los problemas por separado”
Alvar Aalto


“Beauty is fitness expressed”
Sir Walter Armstrong


viernes, 19 de julio de 2013

EL CERTIFICADO ENERGETICO EN ESPAÑA Y EL TIMO DE LA ESTAMPITA



En su inefable película "Los que tocan el piano" el actor Tony Leblanc era un maestro interpretando el timo de  "la estampita".

En esta modalidad de estafa la victima era generalmente un paisano de provincias recién llegado en tren a la gran ciudad. Al salir de la estación era abordado por un personaje con supuestas y escasas facultades mentales, "el tonto" (Tony Leblenc) que, mostrándole un sobre repleto con gran cantidad de billetes de dinero (de los de mil pesetas de entonces), le decía que eran "estampitas" del niño Jesús y no dándoles apenas alguna importancia.

Entonces entraba en escena el segundo timador, "el listo", que espoleaba al paisano para que aprovechase la oportunidad y engañase al tonto ofreciéndole una pequeña cantidad de dinero a cambio de las estampitas, al tiempo que este mismo (el listo) se lamentaba de no poder participar también en el "negocio" por no llevar dinero en ese momento.

El ingenuo paisano, azuzado por la codicia y ayudado por "el listo", convencía "al tonto" para que le vendiera las estampitas y, tras un rocambolesco tejemaneje en el intercambio de sobres y billetes, cada cual salía disparado en distintas direcciones. Cuando en la primera esquina, a solas, el paisano abría el sobre solo encontraba recortes de papel en lugar de los billetes. Naturalmente, tras el magistral cambiazo, "el tonto" y "el listo"  habían desaparecido de la escena llevándose su dinero.

Tras lo dicho, si Tony Leblanc interpretara otros timos similares en nuevas versiones cinematográficas, seguro que podría incluir el del Certificado Energético. Y no hay que tener mucha imaginación para saber quien sería cada cual en esta farsa oficializada. El timado sería, una vez más, el ciudadano de turno, el listo nuestra querida Administración y el tonto (y nunca mejor dicho) los "certificadores energéticos". 



                                                    

Porque lo cierto es que nuestros filibusteros políticos, que tienen que justificar de alguna forma sus injustificables sueldos, siempre han sabido manejar las frases y los recetarios al uso, y cual trileros, intentar marearnos.

Las últimas palabras mágicas, y en boga, son la sostenibilidad ambiental, la ecología del habitat, el agujero de la capa de ozono, la autosuficiencia y otras tantas milongas parecidas que, en nuestra pacata sociedad, aún triunfan.

Arropados por las, demasiadas veces, contraproducentes directivas europeas y con los tiempos que corren de desmadre presupuestario, nuestros representantes estatales  han visto el nuevo filón y,  por el bien nuestro y el de la humanidad mundial, ahora toca lo de la Certificación Energética de las Edificaciones.

Se nos dice que la dichosa Certificación Energética es para de evaluar (es decir decir controlar) y registrar la cualidad energética que poseen nuestros inmuebles. Incluso se han inventado un registro para ello y una cursi clasificación con letras de colores. Y hasta  proponen posibles alternativas técnicas y constructivas (todavía no obligatorias) para su mejora y así salvar a humanidad de los mayores males. Todo muy loable y sensato. Lo de Kioto son minucias frente a esta peculiar operación.

Y resulta que, en principio, uno se lo cree. Y hasta puede que la intención sea útil y necesaria. Pero como dice el refrán " del dicho al hecho hay un gran trecho" y, como siempre suele pasar en estos casos, el parto ha sido mediante cesárea y descaradamente perverso.

Porque la mecánica del proceso de certificación energética sigue los cánones del timo de la estampita pero con matices más maquiavélicos. Lo bueno está en que, en esta nueva modalidad, el listo (la administración) también engaña al tonto (el certificador)  .

Para todo ello, primero, se busca al "tonto". Aquí lo será un titulado, o no,. que avale todo el protocolo mediante la pátina de sus conocimientos y/o titulación. Con la promesa de futuros y altos ingresos pecuniarios por honorarios (luego ha resultado ser un fiasco aunque todos los posibles tontos quieren jugar por lo que pueda caer), se abre el abanico y los tontos puede ser, desde un  API listillo, un aburrido perito agrónomo, un ingeniero de telecomunicaciones en paro, otro de caminos, un ávido economista, un administrador de fincas, naturalmente un arquitecto (los hay a cientos por castigo), e incluso si hace falta, hasta el más insigne Master por la London Bussines School.

Esta apertura del campo de juego a todo quisqui se justifica diciendo que es que es por lo de la liberalización y la libre competencia. pero más se parece a la socialización de tanta triste miseria.

Así que lo de menos es lo que sepa cada uno. Para todos se asegura que habrá café, copa y puro. La victima ( el ciudadano) no tendrá margen y pagara toda la factura.

viernes, 5 de julio de 2013

ARQUITECTURA MILITAR EN ESPAÑA Y LAS MEMORIAS DEL SARGENTO ARQUITECTILLO.




1.- ARQUITECTURA MILITAR EN ESPAÑA.

Es conocida la respuesta del Primer Ministro francés, Georges Clemenceau, a la pregunta de un periodista respecto de ciertos aspectos absurdos de la justicia militar. El político contestó : “La justicia militar es a la justicia, lo que la música militar es a la música”.

O sea, nada.

Modestamente, me permito extrapolar el concepto y decir algo similar al respecto de nuestra arquitectura militar nacional. Quien más y quien menos, ahora tal vez menos por la objeción de conciencia y esas cosas, que haya tenido contacto y vivencias con esta arquitectura secundará, muy posiblemente, mi opinión.