APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE

APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE



IMPENITENTE : Adjetivo. Que persevera en un hábito.
AUSENTE : Nombre común. Aplicado a personas o cosas. De lo que se ignora si vive todavía o donde está



"Un artista verdadero es alguien que está preocupado por muy pocas cosas."
Aldo Rossi


"No habrá otro edificio"
Louis Kahn


“Nada es tan peligroso en la arquitectura como tratar los problemas por separado”
Alvar Aalto


“Beauty is fitness expressed”
Sir Walter Armstrong


jueves, 4 de junio de 2026

LA CASA DEL ARQUITECTO (5). FRANCISCO DE ASIS CABRERO.



 "Las herramientas evolucionan a lo largo de la historia, y sus limitaciones definen las del material, el cual siempre permanece igual en la naturaleza."

                                                                                     Francisco de Asís Cabrero Torres-Quevedo


Francisco de Asís Cabrero Torres-Quevedo (Santander 1912 - Madrid 2005) pertenece a la primera generación de jóvenes arquitectos que, en los años inmediatos posteriores a la guerra civil española (1936-1939) comienzan, de una forma autodidacta y en clave muy personal, a explorar y virar hacia posiciones de la modernidad.

Ciertamente, durante los años anteriores a la contienda nacional ya habían surgido en España movimientos y practicas en esta línea. Basta recordar la adscripción a ello de figuras tan relevantes como José Luis Sert Lopez, Luis Lacasa Navarro, Fernando García Mercadal, Manuel Sánchez Arcas, Martin Domínguez Esteban, Carlos Arniches Moltó y tantos otros.......

Pero aquel incipiente clima de modernidad quedó arrinconado en los años posteriores inmediatos a la guerra. Y tanto por las ausencias de los que debieron optar por el exilio, unos el exterior y otros el interior, como por la vana querencia del nuevo régimen político de implantar un estilo “nacional”, lo cierto fue que el ambiente cultural de la posguerra quedó reducido a un estéril páramo donde la arquitectura española transitó, mayoritariamente, entre registros historicistas o del más rancio casticismo y regionalismo. Y siempre sobrevolándole, como referencia oficial, las arquitecturas provenientes del neoclasicismo monumental imperante en los regímenes totalitarios europeos de aquellos momentos.

Como relató Cesar Ruiz-Echague Ortiz, titulado en 1952  : «En aquellos tiempos, la Escuela estaba totalmente cerrada al panorama arquitectónico universal. Les parecerá que exagero, pero pienso que no cometo inexactitud alguna si les digo que ningún profesor de la Escuela nos dijo nunca una palabra de la persona ni de la obra de ninguno de los arquitectos que han marcado los caminos de la Arquitectura en esos cincuenta años. Los nombres y las obras de Le Corbusier, de Asplund, de Frank Lloyd Wright, de Mies van der Rohe, de Alvar Aalto, los fuimos conociendo en las escasas revistas de arquitectura que llegaban a la Escuela y que consultábamos con complejo de niños traviesos.». (Conferencia dictada el 4 /12/1966 en la E.T.S.A.M.)

El panorama de la arquitectura española, durante la década de los años cuarenta, era ciertamente desalentador. El mismo Miguel Fisac, nada sospechoso dada su adscripción ideológica, advertía en aquel momento : "La arquitectura española ha conseguido una unidad total o casi total de criterio......Pero también es cierto que por el camino que hoy marcha nuestra arquitectura no va a ninguna parte".

En este clima de desorientación, un grupo de jóvenes arquitectos iniciaran una aventura solitaria, de búsqueda de nuevos caminos, no reconociendo como maestros a muchos de sus profesores ni a la mayoría de arquitectos de su generación anterior.

Cabrero, al igual que muchos de sus compañeros, rechazará los lenguajes historicistas y casticistas. Personalmente solo reconocerá, en sus primeros años de profesión, las influencias de la arquitectura racionalista italiana y de la pintura surrealista de Chirico. Posteriormente remarcará el influjo que le produjo el polifacético artista Max Bill. Y siempre se referira, con cariño y devoción, al continuo magisterio recibido de su compañero y amigo José Antonio Coderch.

Cabrero saludará los vientos del racionalismo que le irán llegando, si bien los recibirá con reservas, selectivamente, y hasta con cierta critica. Pues para el siempre deberán estar presentes los valores, inexcusables en toda arquitectura e ignorados por las nuevas corrientes, tales como la tradición vernácula, la condición humanista (tan apreciada por Cabrero como un signo propio de la arquitectura española), o la recuperación de conceptos como la particularidad de la ubicación y la carga geográfica-histórica del lugar.

Con este espíritu critico, incluso en parte heterodoxo frente a las tesis más militantes de lo moderno aceptadas por muchos de sus propios compañeros, Cabrero también se adelantará a la actitud de revisión de los presupuestos del racionalismo internacional que pronto comenzarían a emerger.

Al final de su larga etapa profesional, Cabrero recorrerá prácticamente todos los continentes investigando la arquitectura y la cultura de las más diversas civilizaciones. Estos estudios, iniciados en sus primeros años de profesión, quedaran conformados en 1992 en sus “Cuatro libros de Arquitectura”, donde dejará patente lo que para el significaba el arte y la arquitectura, y en donde explicitará sus teorías y principios, ya intuidos en sus primeras obras y base permanente de su modo de proyectar.

Cabrero es un arquitecto con un profundo sentido de lo metafísico y tendente a la abstracción. En su búsqueda, artesanal e intuitiva, de una posición que aúne las tesis modernas y las clásicas evolucionará finalmente hacia lo que llamará “la “intención constructivista”. Con cierta sorna dirá que practicaba “ el estilo del material”




CONCURSO MAUSOLEO QAIDE AZAM . KARACHI. 1958.



CONCURSO MONUMENTO A CALVO SOTELO. MADRID. 1955.