APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE

APUNTES PARA UNA ARQUITECTURA AUSENTE



IMPENITENTE : Adjetivo. Que persevera en un hábito.
AUSENTE : Nombre común. Aplicado a personas o cosas. De lo que se ignora si vive todavía o donde está



"Un artista verdadero es alguien que está preocupado por muy pocas cosas."
Aldo Rossi


"No habrá otro edificio"
Louis Kahn


“Nada es tan peligroso en la arquitectura como tratar los problemas por separado”
Alvar Aalto


“Beauty is fitness expressed”
Sir Walter Armstrong


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viernes, 24 de agosto de 2012

BANCOS MALOS Y ARQUITECTURAS BUENAS



Cuando yo era pequeño mi madre, al regañarme, además de darme una palmada cariñosa en el culo me decía : ¡ eres muy malo, malo, malo.....!

Después de tantos años leo en la prensa, y desconcertado, que ahora también hay bancos "malos". Pero no veo quien les da la palmada en el culo. Presiento que, de rebote, nos la dan también en el nuestro.

Los bancos "malos" como ya sabemos, a pesar de tanta maniquea propaganda, son un puro eufemismo tanto en su denominación como en su función. Y un ejercicio alucinante y cínico con el que nuestros banqueros y políticos emplean descaradamente el léxico y prostituyen los términos para marearnos : que si "activos tóxicos", que si "contaminados", que si el "default y el "cashflow", que si la "prima"... (y  próximamente, hasta la hermana).

Toda una retahíla de pedantes memeces para decir lo que no se quiere decir y todos sabemos : que esto se ha puesto muy mal y que la culpa es de ellos.

viernes, 18 de mayo de 2012

NO DIGAS A TU MADRE QUE SOY ARQUITECTO. (Arquitectos al menudeo)



Cuando yo era joven la carrera de arquitectura era una de la más chupiguay.
A ella se apuntaban vocacionalmente unos y despistadamente otros, pero todos soñadores de futuras glorias. Entre nuestros amigos, era una de las que más molaba.

 
Para los que aspirábamos a ella, la arquitectura era la conjunción del arte y de la  ciencia, del disfrute personal y del reconocimiento social. Todo ello bien fundido y encastado. Y además bien pagado. La repera.
También existían otras profesiones aupadas al pedestal de las "carreras buenas". Pero los futuros artistas las despreciábamos un poco porque pensábamos que eran más grises y tristes. Su reconocida relevancia económica no nos interesaba en demasía. Nosotros éramos más progres y estábamos en otros temas.
La arquitectura se escribía, siempre, con A mayúscula y, desde antaño, los arquitectos habían ostentado un status de reconocimiento y dignidad. La historia así lo demostraba. Incluso, en otros tiempos más recientes y difíciles, su sentido de la sensatez y del bien hacer los respaldaban.
Pero todo esto ha ido cambiando últimamente a peor. Los arquitectos estamos, actualmente, probando el hierro del paro, la precariedad y una creciente crítica social. Desde hace, al menos un par de décadas y descarnadamente en los últimos años, nos hemos caído (mejor dicho, nos han tirado) del egregio pedestal de antaño. Y parece que no quedará nadie ni para recoger los trozos rotos.
A los arquitectos del star-system y a los glamurosos ya se les contempla con recelo por sus tantos disparates megalómanos y los descontrolados dispendios económicos que provocan . Al resto solo se nos utiliza y apenas se nos contempla. Y si se hace, generalmente, no es con grandes elogios. 
¿Por qué estamos donde estamos, sin pena ni gloria, e inmersos en este marasmo?.
Diré la primera razón que se me ocurre: porque nos lo hemos ganado a pulso. También diré una segunda: porque nos lo merecemos.

Lo demás es engañarse y el intentar poner tiritas para detener una hemorragia.  

Y no saldremos de esta si no identificamos y asumimos primeramente nuestros errores.

Solo citaré, por no aburrir, alguno de ellos:


Primer Error :  Los mismos arquitectos hemos olvidado, en la mayoría de los casos, la cualidad fundamental de lo que es la arquitectura. Hasta hemos aceptado el que se nos encasille  como una "profesión" más. Ya sé que en la sociedad actual no es posible ir por libre y sin el titulito. Y también que no se  se trata de que todos los arquitectos nos creamos Borrominis o Palladios, pero hemos permitido, poco a poco, el soportar y el tener que dedicar la mayor parte de nuestro tiempo a pura burocracia y papeleo en vez de poder pensar más en formas y espacios (a algunos, ni siquiera les ha dado tiempo a pensar).


Nos hemos "profesionalizado", pero a peor. Se nos cataloga, en el mejor de los casos, como unos meros firmones a los que inexcusablemente hay que acudir para tramitar papeles y permisos.
De arquitectura, a veces, ni se habla.

               
                          

                                El sentido último de la Arquitectura olvidado por muchos arquitectos.
                                 Dibujo para la Basílica de San Pedro en Roma. Miguel Ángel. 1546.



















Segundo error: Endiosados y envueltos en nuestro arrogante papel de "artistas", hemos ido renunciando a otros campos de actividad de "bajo rango" para nuestras elevadas pretensiones.

La soberbia no nos ha permitido, muchas veces, hacer nuestras otras formas alternativas de trabajo e intentar impregnarlas de un espíritu propio. Cierto que la valoración de un inmueble o un estudio de seguridad y salud no es un tema especialmente áulico para el cultivo de la belleza, pero seguro que siempre habrá algún resquicio para tunearlo. En la mayoría de los casos ni lo hemos han intentado.


Demasiados arquitectos “divinos” para una sola Diosa.
 Hestia, Diosa de la Arquitectura. Anónimo, Siglo I A.C.


Tercer error: "Cuanto más mejor, y si se hace en menos tiempo mega-mejor". Cuando la coyuntura así lo ha permitido, los proyectos, las obras y las decisiones tomadas han carecido, y no nos ha importado, del tiempo de maduración que requerían.

Acuciados por el propietario, por la promotora, o por la Administración, hemos redactado planes, proyectos, contra-planes y contra-proyectos en tiempos records en los que, difícilmente, era posible siquiera empaparse del espíritu profundo de la cuestión y de reflexionar y repensar las cosas. El desastroso resultado edilicio y nuestro menguante prestigio a la vista están.

 
 Deprisa, deprisa: fast-arquitectura y un urbanismo exprés